¡No todos los microorganismos que habitan en tu intestino son malos!

Conoce sus beneficios para tu salud y ¿cómo cuidarlos?

La microbiota intestinal o antes conocida como flora intestinal está constituida por un universo de microorganismos: bacterias, hongos, entre otros; en ella destacan dos tipos: microorganismos benéficos y patógenos, que habitan por todo el sistema digestivo.

Tener una microbiota intestinal funcional es sinónimo de tener mayor cantidad de microorganismos buenos que malos y sus beneficios en el ser humanos son el correcto crecimiento corporal, regulación de homeostasis (equilibrio), el desarrollo de la inmunidad y una adecuada nutrición.

La función principal de los microorganismos benéficos en nuestro intestino, es ocupar el lugar de microorganismos ajenos y patógenos que pueden instalarse causando enfermedades, Las moléculas producidas en nuestro intestino debido a la fermentación de la fibra alimenticia que ingerimos; son el alimento ideal que los microorganismos benéficos aprovechan como fuente principal para su crecimiento.

La composición de la microbiota intestinal está muy influenciada por factores externos, incluyendo las condiciones de nacimiento, la dieta, el entorno o el uso de antibióticos.

Recientemente se han dado a conocer investigaciones a nivel mundial en las que se comprueba que el equilibrio de la microbiota en nuestro intestino:

  • Mejora la salud metabólica de las personas con sobrepeso o síndrome metabólico.
  • El papel fundamental de las bacterias benéficas intestinales en la comunicación entre el sistema nervioso entérico (SNE) que es el sistema nervioso de los intestinos y las neuronas del cerebro, sobretodo disminuyendo síntomas motores característicos en la enfermedad de Parkinson.
  • Ayuda a predecir qué alimentos pueden aumentar el azúcar en sangre de los individuos. Basándose en las características de la microbiota intestinal de cada persona y con ayuda de algoritmos informáticos, consiguieron desarrollar dietas personalizadas que mantenían la glucosa en sangre estable después de la comidas.

8 puntos básicos que debes tomar en cuenta para cuidar y mantener en equilibrio tu microbiota intestinal.

  1. Consuma alimentos que contengan bacterias probióticas: yogur, pepinillos, chocolate negro, miso, quesos viejos, aceitunas fermentadas…
  2. Consuma alimentos prebióticos, ricos en fibras, para nutrir la microbiota: leguminosas (alubias, garbanzos, lentejas, etc.), cereales integrales (arroz, trigo, avena, etc.), cebollas, ejotes y otras hortalizas, aguacates, plátanos, manzanas, peras y otras frutas de temporada.
  3. El consumo de alimentos ricos en probióticos y fibra sobre todo durante el embarazo en el caso de mujeres; está vinculado a los cambios en la microbiota intestinal del recién nacido desde su desarrollo dentro del vientre, hasta su crecimiento fuera del vientre; ya que son transmisibles al recién nacido.
  4. En mujeres optar por tener un parto por vía natural, es la mejor opción debido a que es aquí donde el contacto de microorganismos benéficos por parte de la madre se transmiten hacia el recién nacido.
  5. No olvide que la leche materna favorecerá una microbiota adecuada para el recién nacido ya que es rica en microorganismos de protección inmunitaria hacia el bebé para toda su vida.
  6. Antes de tomar antibióticos, hay que asegurarse que el médico o terapeuta lo prescriba y es indispensable que se lleve a cabo el tratamiento completo, respetando, tanto la dosis como el tiempo.
  7. Cuando se termine un tratamiento desparasitante, se debe ayudar a poblar la microbiota intestinal con las bacterias benéficas, una opción muy efectiva es el consumo de probióticos y prebióticos.
  8. Hacer contacto al aire libre y acariciar a los animales en pocas palabras; el contacto físico con la naturaleza es una opción saludable.
  • Nutrición

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